Opinión

Acuerdos de posguerra y de pospandemia: la regeneración institucional

28 de abril de 2021
Por Ricardo Lorenzetti
Por Ricardo Lorenzetti
Juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación

Conmovido por el padecimiento de muchas personas que se han enfermado, perdido a seres queridos, o se han quedado sin trabajo, me pareció que una marea de miedo se desplegaba sobre nosotros y que no había esperanzas, porque donde deberían existir acuerdos sólo hay divisiones y polarización.

La Segunda Guerra Mundial produjo una catástrofe humanitaria, pero surgieron personas que pudieron controlar el temor y comenzaron a construir un futuro. La posguerra permitió que grandes líderes crearan nuevas instituciones, y que muchas víctimas encontraran un sentido para sus vidas luchando contra la discriminación, denunciando el Holocausto y construyendo un sistema de ideales lo suficientemente firme para que nada de eso volviera a repetirse.

La pandemia global pareciera asemejarse a una guerra mundial y, seguramente, habrá una pospandemia como hubo una posguerra.

Nadie sabe que se está haciendo historia cuando se la vive, pero es importante prestar atención a algunos fenómenos.

Es altamente probable que se hayan comenzado a diseñar las nuevas instituciones globales de la pospandemia, al igual que las de la posguerra.

En este sentido, ha sido importantísima la “Cumbre de líderes por el ambiente”, convocada por el presidente Joe Biden, que se realizó los días 23 y 24 de abril. Participaron numerosos líderes mundiales responsables del 80% de las emisiones contaminantes. Estuvieron representados por el máximo nivel de presidentes o primeros ministros de países de todos los continentes. América del Norte (Estados Unidos, Canadá), América Latina (Argentina, Brasil, México, Chile, Colombia, varios países del Caribe), Asia (China, Rusia, India, Indonesia, Corea, Bangladesh, Japón, Vietnam); Europa (Alemania, Francia, Italia, Polonia), Medio Oriente (Israel, Arabia Saudita, Turquía) África (Sudáfrica y varios países), Oceanía (Australia, Nueva Zelanda).

Hay aspectos que son muy relevantes.

La protección del ambiente se ha transformado en un argumento de corrección política. Teniendo en cuenta que en los últimos años hubo una negación del tema, es muy importante el hecho de que todos los líderes se expresaron en favor de la lucha contra el cambio climático.

El escenario fue diferente al de otras oportunidades. Por primera vez las declaraciones de secretarios de comisiones fueron reemplazadas por afirmaciones de líderes con poder y con obligaciones hacia sus ciudadanos que los escuchaban.

Todos coincidieron en que hay un problema superior a las rivalidades, las ambiciones, las vanidades y las polarizaciones. El virus COVID 19, estrechamente vinculado a la crisis ambiental, llegó hasta el domicilio de cada ciudadano, y se tomó conciencia de que una guerra biológica o una inundación o un tornado o el calentamiento o las migraciones masivas son imposibles de detener con la policía de fronteras.

Todos postularon la necesidad de adoptar medidas concretas y en esta década, porque el problema es urgente.

En materia de energía, el cambio está en marcha y va a provocar una modificación de las reglas de juego de la economía global. Todos los países están con proyectos de descarbonización, de subir el precio de las energías tradicionales, de apostar a las energías renovables. Muchas ciudades están con transporte eléctrico, y con una industria automotriz apostando fuertemente a los vehículos impulsados por energía eléctrica. Nueva Zelanda propuso incrementar los impuestos sobre las energías tradicionales y generar los recursos para promover energías no contaminantes; México explicó su proyecto de energía hídrica; Chile sugirió un futuro basado en el sol del desierto del norte y en el viento del sur patagónico. Rusia postuló no solo bajar los niveles de contaminación, sino aumentar la potencia de las fuentes generadoras de limpieza en la atmósfera. El objetivo de todos: la neutralidad en el carbono.

Una buena prueba de que el proceso es más que una declaración fue la reunión coordinada personalmente por John Kerry con los grandes bancos internacionales y fondos de inversión, para tratar el financiamiento de estos procesos.

Estos costos plantean problemas muy difíciles de distribución entre los países desarrollados y los que no lo están. Por eso, se habló de responsabilidades diferenciadas, de créditos para la adaptación ambiental, de reformulación de deudas.

Fue muy importante que varios países aclararon que la protección del ambiente es una oportunidad para el desarrollo y no una oposición o un límite. Estados Unidos declaró que se crearán puestos de trabajo más saludables y riqueza en el sector privado de la economía sustentable. Japón afirmó que la protección del ambiente no es un límite, sino un motor y que hay que generar una ola global en esta línea.

Las iniciativas concretas son numerosas. Frenar la deforestación y plantar millones de árboles para mejorar la resiliencia de la Naturaleza; modificaciones en alimentos, agricultura, nuevas industrias, tecnología e innovación.

En la intervención de China se dijo que el crecimiento debe ser en armonía con la naturaleza, que es un concepto antiguo en la tradición de ese país, que nace en Confucio y que siempre tiene actualidad.

Es un enorme paso en favor de la cooperación internacional.

Como en la posguerra, además de nuevas instituciones, es necesario que existan nuevos ideales, y por eso es también necesaria la participación ciudadana en todos los frentes, para que no se apague esta luz.

Fuente: Infobae

Juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación